¿Sabías que...
El cuerpo humano emite luz visible en la oscuridad. Es real, medible y unas mil veces más débil de lo que el ojo puede percibir.
Un estudio publicado en PLOS ONE (2009) por investigadores japoneses usó cámaras de alta sensibilidad para detectar la emisión de biophotones del cuerpo humano. Las emisiones son más intensas en la cara, con un pico a última hora de la tarde. El mecanismo es la oxidación de moléculas orgánicas durante el metabolismo. La intensidad está unas 1.000 veces por debajo del umbral de percepción del ojo humano.
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Resumen para que luego te hagas el listo
Los humanos brillamos. Literalmente. A un nivel que ningún ojo humano puede detectar, pero que las cámaras de alta sensibilidad registran. La bioluminiscencia humana existe y fue ignorada durante siglos.
La intensidad de los biophotones varía a lo largo del día: más baja por la mañana, más alta por la tarde. El cuerpo brilla más al final del día, cuando el metabolismo lleva horas activo. La metáfora tiene base empírica.
Los pulpos, las medusas y las luciérnagas también emiten luz, pero por procesos bioquímicos específicos diseñados para ello. Los humanos emitimos fotones como subproducto del metabolismo, no como función. Brillamos sin quererlo.
La diferencia entre un humano y una luciérnaga es que la luciérnaga brilla unas 10.000 veces más. Y tiene más control sobre cuándo hacerlo. Desde ese punto de vista, la luciérnaga es más eficiente en iluminación y en autocontrol.