¿Sabías que...
Hiroo Onoda, soldado japonés, siguió luchando en la selva de Filipinas hasta 1974, convencido de que la Segunda Guerra Mundial no había terminado. La guerra había acabado en 1945.
Onoda fue destinado a la isla de Luzón en 1944 con órdenes de resistir a cualquier precio. Cuando Japón se rindió en 1945, él no lo creyó: pensó que era propaganda enemiga. Estuvo 29 años en la selva, haciendo escaramuzas, hasta que su antiguo comandante viajó desde Japón a liberarle personalmente de sus órdenes.
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Resumen para que luego te hagas el listo
29 años en la selva cumpliendo órdenes que nadie había revocado. La lealtad tiene muchas formas, pero pocas tan literales como esta.
Solo se rindió cuando su comandante original viajó desde Japón a dárselo en persona. Ni la rendición oficial, ni los panfletos, ni las búsquedas. Solo la autoridad directa.
El presidente de Filipinas le concedió el indulto por los incidentes ocurridos durante esos 29 años. La burocracia del perdón aplicada a una guerra que ya no existía.
Línea de tiempo
Onoda llega a Luzón con órdenes de resistir a cualquier precio. Nunca rendirse.
Japón se rinde. Onoda recibe los panfletos. Los considera propaganda enemiga. Sigue combatiendo.
Onoda realiza escaramuzas periódicas. Las autoridades filipinas y japonesas lo buscan sin éxito.
Su antiguo comandante viaja desde Japón a la selva y le entrega personalmente la orden de cesar. Onoda se rinde.
Vuelve a Japón como héroe. Tiene 52 años. La guerra que libró en solitario duró 29 años más que la guerra real.